<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>art-e-facto &#187; De Otros</title>
	<atom:link href="http://www.art-e-facto.net/category/de-otros/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.art-e-facto.net</link>
	<description>(re)colección personal a modo de cuaderno</description>
	<lastBuildDate>Tue, 25 Oct 2011 19:45:36 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.1</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Hernan Casciari: &#8220;Melancolía de mujeres analógicas&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/hernan-casciari-melancolia-de-mujeres-analogicas/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/hernan-casciari-melancolia-de-mujeres-analogicas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 20:39:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=452</guid>
		<description><![CDATA[Me encuentro con un viejo compañero de la primaria que no veía desde los años ochenta, y del que tuve noticias a través de una red social. Nos citamos en un bar del centro, nos palmeamos con cariño falso, pedimos unas cervezas. Le digo: “Qué increíble, para lo que acaba sirviendo Facebook”. Se ríe fuerte, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me encuentro con un viejo compañero de la primaria que no veía desde los años ochenta, y del que tuve noticias a través de una red social. Nos citamos en un bar del centro, nos palmeamos con cariño falso, pedimos unas cervezas. Le digo: “Qué increíble, para lo que acaba sirviendo Facebook”. Se ríe fuerte, como si le estuviera tomando el pelo: “Si Facebook sirviera solamente para encontrarme con vos, gordo boludo —me dice—, yo no tendría banda ancha en casa. A mí Facebook me cambió la vida, pero de verdad”.</p>
<p>—¿Para tanto? —le pregunto.</p>
<p>—Mirá para afuera —me explica—. Imaginate que todas las mujeres que están pasando ahora por la calle tuvieran un cartel en el culo que dijera ‘estoy en una relación complicada’, o ‘soy soltera’, o ‘solamente busco amistad’, o incluso ‘me interesan los hombres y también las mujeres’…</p>
<p>Hago lo que dice mi amigo: miro por la ventana del bar hacia la calle y veo la primavera de Barcelona en su esplendor: holandesas, suecas, nativas, maduras y jovencitas, diferentes colores y tamaños; hay de todo en la viña del Señor.</p>
<p>Mi amigo me aprieta el brazo y me dice:</p>
<p>—Imaginate que aquella que está por cruzar la Diagonal tuviese un cartel que dijera: ‘Hace doce días que estoy deprimida’. Tener esa data de primera mano, Hernán, hacer cálculos mentales y abordarlas a todas.</p>
<p>—Te estás excitando, calmate —le digo a mi amigo.</p>
<p>Pero él sigue con su verborrea:</p>
<p>—¿Cuánto hubiéramos simplificado el enfoque de la seducción, hace diez, hace quince años, de haber tenido esos guiños entre las conocidas del colegio, de la universidad, de las compañeras de trabajo, de las ex novias?</p>
<p>Me lo imagino; mi amigo tiene mucha razón.</p>
<p>—La mujer analógica, la del siglo pasado, esperaba que vos te dieras cuenta de ciertas cosas. ¿Te acordás las preguntas que uno se hacía antes? <em>¿Tendrá novio Estelita? ¿Qué música le gustará? ¿Será buen momento para abordarla?</em> —rememora mi amigo— Ahora la mujer digital te lo indica en el perfil del Facebook. Cualquier conocida de la oficina, cualquier amiga de una amiga, te avisa si se peleó con el novio, te explica si le gusta Neruda o si le gusta Bucay, te pone fotos de las vacaciones en Ibiza, para que la veas medio en bolas…</p>
<p>Cierra los ojos y sonríe. Continúa:</p>
<p>—¿Cuánto tardábamos, en los ochenta, para ver en bikini a la chica que nos gustaba? ¡Había que esperar al Día de la Primavera, que alguna se emborrachaba en el parque, o a que te invitaran a una pileta en verano! No, Gordo, la vida mejoró mucho…</p>
<p>—Bueno, pero supongo que tampoco será tan fácil.</p>
<p>—Hay desventajas, claro —matiza—. Te podés ensartar, como toda la vida. Te podés despertar con un bicho a la mañana siguiente… Pero en Facebook hay escaramuzas, hay trucos que te proporciona la experiencia.</p>
<p>—¿Por ejemplo?</p>
<p>—Alejate de las mujeres que ponen la fecha de nacimiento sin indicar el año: a ésas ya se les cayeron las tetas. Escapá de las que cuelgan muchas fotos de sus mascotas: son depresivas. Ni se te ocurra encarar a las que te parecen lindas pero tienen todas las fotos en contrapicado: son gordas con complejo de papada. Si dicen estar “en una relación difícil” y tienen más de treinta fotos besando al mismo tipo, en diferentes épocas, borrate: después de coger, lloran.</p>
<p>—Impresionante —le digo con sinceridad.</p>
<p>—Hay que estar atento a las que, en la imagen del perfil, ponen una foto sacada por ellas mismas en el baño. A ésas, les decís cuatro piropos en el Muro y las tenés comiendo alpiste. Atento a las que ponen fotos viajando por el mundo con una amiga, siempre la misma amiga: son fiesteras. Pero ojo —matiza mi amigo—: tiene que ser fotos por el mundo; si viajan por su propio país, son histéricas. A las que ponen una imagen de ellas cuando eran chiquitas, en color sepia, les gusta el sexo duro. Las que dejan vacío el ítem sobre intereses musicales, prefieren pagar el hotel a medias.</p>
<p>Mi antiguo amigo de la primaria me atiborró de consejos, pero sólo me acuerdo de estos pocos para compartir hoy con ustedes. Habló durante más de una hora, sin parar. Y después dijo que debía irse a una cita con una mujer que había conocido en la estación Verdaguer.</p>
<p>—Me tiemblan las manos —me confesó antes de salir del bar—. Esta mujer que conocí en el metro me dice que no tiene Internet. No sé nada de ella, nunca vi fotos, no sé de qué carajo le voy a hablar.</p>
<p>—¿Y para qué vas, entonces?</p>
<p>—Es que últimamente me calientan mucho las mujeres analógicas. Tienen olor a infancia.</p>
<p><a href="http://orsai.es" target="_blank">Orsai</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/hernan-casciari-melancolia-de-mujeres-analogicas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Pablo Neruda: &#8220;Siempre&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/pablo-neruda-siempre/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/pablo-neruda-siempre/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 20 May 2009 20:53:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Neruda]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=441</guid>
		<description><![CDATA[Aunque los pasos toquen mil años este sitio,
no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.

Y no se extinguirá la hora en que caísteis,
aunque miles de voces crucen este silencio.
La lluvia empapará las piedras de la plaza,
pero no apagará vuestros nombres de fuego.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque los pasos toquen mil años este sitio,<br />
no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.</p>
<p>Y no se extinguirá la hora en que caísteis,<br />
aunque miles de voces crucen este silencio.<br />
La lluvia empapará las piedras de la plaza,<br />
pero no apagará vuestros nombres de fuego.</p>
<p>Mil noches caerán con sus alas oscuras,<br />
sin destruir el día que esperan estos muertos.</p>
<p>El día que esperamos a lo largo del mundo<br />
tantos hombres, el día final del sufrimiento.</p>
<p>Un día de justicia conquistada en la lucha,<br />
y vosotros, hermanos caídos, en silencio,<br />
estaréis con nosotros en ese vasto día<br />
de la lucha final, en ese día inmenso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/pablo-neruda-siempre/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mario Benedetti: &#8220;Me sirve y no me sirve&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/mario-benedetti-me-sirve-y-no-me-sirve/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/mario-benedetti-me-sirve-y-no-me-sirve/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 18 May 2009 12:23:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Benedetti]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=437</guid>
		<description><![CDATA[La esperanza tan dulce/ tan pulida tan triste/ la promesa tan leve/ no me sirve
no me sirve tan mansa/ la esperanza
la rabia tan sumisa/ tan débil tan humilde/ el furor tan prudente/ no me sirve
no me sirve tan sabia/ tanta rabia]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La esperanza tan dulce<br />
tan pulida tan triste<br />
la promesa tan leve<br />
no me sirve</p>
<p>no me sirve tan mansa<br />
la esperanza</p>
<p>la rabia tan sumisa<br />
tan débil tan humilde<br />
el furor tan prudente<br />
no me sirve</p>
<p>no me sirve tan sabia<br />
tanta rabia</p>
<p>el grito tan exacto<br />
si el tiempo lo permite<br />
alarido tan pulcro<br />
no me sirve</p>
<p>no me sirve tan bueno<br />
tanto trueno</p>
<p>el coraje tan dócil<br />
la bravura tan chirle<br />
la intrepidez tan lenta<br />
no me sirve</p>
<p>no me sirve tan fría<br />
la osadía</p>
<p>si me sirve la vida<br />
que es vida hasta morirse<br />
el corazon alerta<br />
sí me sirve</p>
<p>me sirve cuando avanza<br />
la confianza</p>
<p>me sirve tu mirada<br />
que es generosa y firme<br />
y tu silencio franco<br />
sí me sirve</p>
<p>me sirve la medida<br />
de tu vida</p>
<p>me sirve tu futuro<br />
que es un presente libre<br />
y tu lucha de siempre<br />
sí me sirve</p>
<p>me sirve tu batalla<br />
sin medalla</p>
<p>me sirve la modestia<br />
de tu orgullo posible<br />
y tu mano segura<br />
sí me sirve</p>
<p>me sirve tu sendero<br />
compañero.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/mario-benedetti-me-sirve-y-no-me-sirve/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mario Benedetti: &#8220;Puntero izquierdo&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/mario-benedetti-puntero-izquierdo/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/mario-benedetti-puntero-izquierdo/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 15 Feb 2009 18:11:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Benedetti]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=421</guid>
		<description><![CDATA[<img src="http://www.art-e-facto.net/wp-content/uploads/2009/02/puntero-izquierdo-150x150.jpg" style="float:left; margin-right:10px;" />Lo que yo digo es que así no podemos seguir. O somos amater o somos profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden de vos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-423" style="margin-right:10px;" title="puntero-izquierdo" src="http://www.art-e-facto.net/wp-content/uploads/2009/02/puntero-izquierdo.jpg" alt="puntero-izquierdo" width="200" height="200" />Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios. Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja Ulpiana. Los años que estuvo hinchándola desde el alambrado y, la fatalidad, justo esa tarde no pudo disparar por la uña encarnada. Y si no acordate de aquella canchita de mala muerte, creo que la del Torricelli, donde le movieron el esqueleto al pobre Cabeza, un negro de mano armada, puro pamento, que ese día le dio la loca de escupir cuando ellos pasaban con la bandera. Y si no acordate de los menores de Cuchilla Grande, que mandaron al nosocomio al back derecho del Catamarca, y todo porque le había hecho al capitán de ellos la mejor jugada recia de la tarde. No es que me arrepienta ¿sabés? de estar aquí en el hospital, se lo podés decir con todas las letras a la barra del Wilson. Pero para jugar más allá de Propios hay que tenerlas bien puestas. ¿O qué te parece haber ganado aquella final contra el Corrales, jugando nada menos que nueve contra once? Hace ya dos años y me parece ver al Pampa, que todavía no había cometido el afane pero lo estaba germinando, correrse por la punta y escupir el centro, justo a los cuarenta y cuatro de la segunda etapa, y yo que la veo venir y la coloca tan al ángulo que el golerito no la pudo ni pellizcar y ahí quedó despatarrado, mandándose la parte porque los de Progreso le habían echado el ojo. ¿O qué te parece haber aguantado hasta el final en la cancha del Deportivo Yi, donde ellos tenían el juez, los línema, y una hinchada piojosa que te escupían hasta en los minutos adicionales por suspensiones de juego, y eso cuando no entraban al fiel y te gritaban: &#8220;¡Yi! ¡Yi! ¡Yi!&#8221; como si estuvieran llorando, pero refregándote de paso el puño por la trompa? Y uno haciéndose el etcétera porque si no te tapaban. Lo que yo digo es que así no podemos seguir. O somos amater o somos profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden de vos. Yo sé que para todos estuve horrible y no precisa que me pongas esa cara de Rosigna y Moretti. Pero ni vos ni don Amílcar entienden ni entenderán nunca lo que pasa. Claro, para ustedes es fácil ver la cosa desde el alambrado. Pero hay que estar sobre el pastito, allí te olvidás de todo, de las instrucciones del entrenador y de lo que te paga algún mafioso. Te viene una cosa de adentro y tenés que llevar la redonda. Lo ves venir al jalva con su carita de rompehueso y sin embargo no podés dejársela. Tenés que pasarlo, tenés que pasarlo siempre, como si te estuvieran dirigiendo por control remoto. Si te digo que yo sabía que esto no iba a resultar, pero don Amílcar que empieza a inflar y todos los días a buscarme a la fábrica. Que yo era un puntero de condiciones, que era una lástima que ganara tan poco, y que aunque perdiéramos la final él me iba a arreglar el pase para el Everton. Ahora vos calculá lo que representa un pase para el Everton, donde además de don Amílcar, que después de todo no es más que un cafisho de putas pobres, está nada menos que el doctor Urrutia, que ése sí es Director de Ente Autónomo y ya colocó en Talleres al entreala de ellos. Especialmente por la vieja, sabés, otra seguridad, porque en la fábrica ya estoy viendo que en la próxima huelga me dejan con dos manos atrás y una adelante. Y era pensando en esto que fui al café Industria a hablar con don Amílcar. Te aseguro que me habló como un padre, pensando, claro, que yo no iba a aceptar. A mí me daba risa tanta delicadeza. Que si ganábamos nosotros iba a ascender un club demasiado díscolo, te juro que dijo díscolo, y eso no convenía a los sagrados intereses del deporte nacional. Que en cambio el Everton hacía dos años que ganaba el premio a la corrección deportiva y era justo que ascendiera otro escalón. En la duda, atenti, pensé para mi entretela. Entonces le dije el asunto es grave y el coso supo con quién trataba. Me miró que parecía una lupa y yo le aguanté a pie firme y le repetí que el asunto es grave. Ahí no tuvo más remedio que reírse y me hizo una bruta guiñada y que era una barbaridad que una inteligencia como yo trabajase a lo bestia en esa fábrica. Yo pensé te clavaste la foja y le hice una entradita sobre Urrutia y el Ente Autónomo. Después, para ponerlo nervioso, le dije que uno también tiene su condición social. Pero el hombre se dio cuenta que yo estaba blando y desembuchó las cifras. Graso error. Allí nomás le saqué sesenta. El reglamento era éste: todos sabían que yo era el hombre-gol, así que los pases vendrían a mí como un solo hombre. Yo tenía que eludir a dos o tres y tirar apenas desviado o pegar en la tierra y mandarme la parte de la bronca. El coso decía que nadie se iba a dar cuenta que yo corría pa los italianos. Dijo que también iban a tocar a Murias, porque era un tipo macanudo y no lo tomaba a mal. Le pregunté solapadamente si también Murias iba a entrar en Talleres y me contestó que no, que ese puesto era diametralmente mío. Pero después, en la cancha, lo de Murias fue una vergüenza. El pardo no disimuló ni medio; se tiraba como una mula y siempre lo dejaban en el suelo. A los veintiocho minutos ya lo habían expulsado porque en un escrimaye le dio al entreala de ellos un codazo en el hígado. Yo veía de lejos tirándose de palo a palo al meyado Valverde, que es de esos idiotas que rechazan muy pitucos cualquier oferta como la gente, y te juro por la vieja que es un amater de órdago, porque hasta la mujer, que es una milonguita, le mete cuernos en todo sector. Pero la cosa es que el meyado se rompía y se le tiraba a los pies nada menos que a Bademian, ese armenio con patada de burro que hace tres años casi mata de un tiro libre al golero del Cardona. Y pasa que te contagiás y sentís algo adentro y empezás a eludir y seguís haciendo dribles en la línea del córner como cualquier mandrake y no puede ser que con dos hombres de menos (porque al Tito también lo echaron, pero por bruto) nos perdiéramos el ascenso. Dos o tres veces me la dejé quitar pero ¿sabés? me daba un calor bárbaro porque el jalva que me marcaba era más malo que tomar agua sudando y los otros iban a pensar que yo había disminuido mi estándar de juego. Allí el entrenador me ordenó que jugara atrasado para ayudar a la defensa y yo pensé que eso me venía al trome porque jugando atrás ya no era el hombre-gol y no se notaría tanto si tiraba como la mona. Así y todo me mandé dos boleos que pasaron arañando el palo y estaba quedando bien con todos. Pero cuando me corrí y se la pasé al Ñato Silveira para que entrara él y ese tarado me la pasó de nuevo, a mí que estaba solo, no tuve más remedio que pegar en la tierra porque si no iba a ser muy bravo no meter el gol. Entonces, mientras yo hacía que me arreglaba los zapatos, el entrenador me gritó a lo Tittaruffo: &#8220;¿Qué tenés en la cabeza? ¿Moco?&#8221;. Eso, te juro, me tocó aquí dentro, porque yo no tengo moco y si no preguntale a don Amílcar, él siempre dijo que soy un puntero inteligente porque juego con la cabeza levantada. Entonces ya no vi más, se me subió la calabresa y le quise demostrar al coso ése que cuando quiero sé mover la guinda y me saqué de encima a cuatro o cinco y cuando estuve solo frente al golero le mandé un zapatillazo que te lo boliodire y el tipo quedó haciendo sapitos pero exclusivamente a cuatro patas. Miré hacia el entrenador y lo encontré sonriente como aviso de Rider y recién entonces me di cuenta que me había enterrado hasta el ovario Los otros me abrazaban y gritaban: &#8221; jPa los contras!&#8221;, y yo no quería dirigir la visual hacia donde estaba don Amílcar con el doctor Urrutia o sea justo en la banderita de mi córner, pero en seguida empezó a llegarme un kilo de putiadas, en la que reconocí el tono mezzosoprano del delegado y la ronquera con bitter de mi fuente de recursos. Allí el partido se volvió de trámite intenso porque entró la hinchada de ellos y le llenaron la cara de dedos a más de cuatro. A mí no me tocaron porque me reservaban de postre. Después quise recuperar puntos y pasé a colaborar con la defensa, pero no marcaba a nadie y me pasaban la globa entre las piernas como a cualquier gilberto. Pero el meyado estaba en su día y sacaba al córner tiros imposibles. Una vuelta se la chingué con efecto y todo, y ese bestia la bajó con una sola mano. Miré a don Amílcar y al delegado, a ver si se daban cuenta que contra el destino no se puede, pero don Amílcar ya no estaba y el doctor Urrutia seguía moviendo los labios como un bagre. Allí nomás terminó uno a cero y los muchachos me llevaron en andas porque había hecho el gol de la victoria y además iba a la cabeza en la tabla de los escores. Los periodistas escribieron que mi gol, ese magnífico puntillazo, había dado el más rotundo mentís a los infames rumores circulantes. Yo ni siquiera me di la ducha porque quería contarle a la vieja que ascendíamos a Intermedia. Así que salí todo sudado, con la camiseta que era un mar de lágrimas, en dirección al primer teléfono. Pero allí nomás me agarraron del brazo y por el movado de oro le di la cana a la bruta manaza de don Amílcar. Te juro que creía que me iba a felicitar por el triunfo, pero está clavado que esos tipos no saben perderla. Todo el partido me la paso chingándola y tirando desviado o sea hipotecando mis prestigios, y eso no vale nada. Después me viene el sarampión y hago un gol de apuro y eso está mal. Pero ¿y lo otro? Para mí había cumplido con los sesenta que le había sacado de anticipo, así que me hice el gallito y le pregunté con gran serenidad y altura si le había hablado al delegado sobre mi puesto en Talleres. El coso ni mosquió y casi sin mover los labios, porque estábamos entre la gente, me fue diciendo podrido, mamarracho, tramposo, andá a joder a Gardel, y otros apelativos que te omito por respeto a la enfermera que me cuida como una madre. Dimos vuelta una esquina y allí estaba el delegado. Yo como un caballero le pregunté por la señora, y el tipo, como si nada, me dijo en otro orden la misma sarta de piropos, adicionando los de pata sucia, maricón y carajito. Yo pensé la boca se te haga un lago, pero la primera torta me la dio el Piraña, aparecido de golpe y porrazo, como el ave fénix, y atrás de él reconocí al Gallego y al Chiche, todos manyaorejas de Urrutia, el cual en ningún momento se ensució las manos y sólo mordía una boquilla muy pituca, de ésas de contrabando. La segunda piña me la obsequió el Canilla, pero a partir de la tercera perdí el orden cronológico y me siguieron dando hasta las calandrias griegas. Cuando quise hacerme una composición de lugar, ya estaba medio muerto. Ahí me dejaron hecho una pulpa y con un solo ojo los vi alejarse por la sombra. Dios nos libre y se los guarde, pensé con cierta amargura y flor de gusto a sangre. Miré a diestro y siniestro en busca de S.O.S. pero aquello era el desierto de Zárate. Tuve que arrastrarme más o menos hasta el bar de Seoane, donde el rengo me acomodó en el camión y me trajo como un solo hombre al hospital. Y aquí me tenés. Te miro con este ojo, pero voy a ver si puedo abrir el otro. Difícil, dijo Cañete. La enfermera, que me trata como al rey Farú y que tiene, como ya lo habrás jalviado, su bruta plataforma electoral, dice que tengo para un semestre. Por ahora no está mal, porque ella me sube a upa para lavarme ciertas ocasiones y yo voy disfrutando con vistas al futuro. Pero la cosa va a ser después: el período de pases ya se acaba. Sintetizando, que estoy colgado. En la fábrica ya le dijeron a la vieja que ni sueñe que me vayan a esperar. Así que no tendré más remedio que bajar el cogote y apersonarme con ese chitrulo de Urrutia, a ver si me da el puesto en Talleres como me habían prometido.</p>
<p><img class="alignleft alignnone size-medium wp-image-7" style="margin-right: 6px; float: left;" title="benedetti" src="http://www.art-e-facto.net/wp-content/uploads/2008/07/benedetti.jpg" alt="Mario Benedetti" width="112" height="74" />&#8220;Puntero Izquierdo&#8221;<br />
Mario Benedetti, 1954</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/mario-benedetti-puntero-izquierdo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Pedro Lemebel: &#8220;Dónde estabas tú&#8221; (a propósito del film &#8220;Tony Manero&#8221;)</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/pedro-lemebel-donde-estabas-tu-a-proposito-del-film-tony-manero/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/pedro-lemebel-donde-estabas-tu-a-proposito-del-film-tony-manero/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 02 Jan 2009 16:50:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=391</guid>
		<description><![CDATA[Los ochenta comenzaron de abajo, como murmullo de quenas y guitarras tristes. No había nada que celebrar en esa escena de crímenes y torturas. No había nada que festejar bajo la pista iluminada del show pinochetero de Don Francisco. Era un país agrio, amordazado y tímido, que veía en la pantalla al acartonado Maluenda vitoreando a sus fuerzas armadas en el show de la una. El viejo hipócrita Maluenda, animador de la cueca uniformada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Dónde estabas tú<br />
</strong>por Pedro Lemebel, Chile<br />
<em>Ojo de loca no se equivoca</em><br />
<em>La Nación Domingo, 19 de octubre de 2008</em></p>
<p>Y si te han contado que todo era maravilloso, pendejo, que todos íbamos al Omnium a tomar un cóctel con la chasquilla enlacada y usábamos esa ropa entupida que salía en los comerciales.</p>
<p>Si te han dicho que esa década fue la más taquillera en estéticas del ropaje, que las nenas eran iguales a la Bolocco con las hombreras de Farrah Fawcett, que los chicos bailaban a Jackson y Depeche Mode en la disco no sé cuánto del barrio alto y se juntaban en el Apumanque a tirar pinta con sus blujines nevados.</p>
<p>Que se veían una y otra vez tal película gringa y amábamos &#8220;Los ángeles de Charlie&#8221;. Que todos éramos imbéciles, rubiecitos y danzábamos al compás de las botas. No te la creas, pendejo.</p>
<p>Por suerte había otro Chile, ochentista y allendista, donde ser artesa era buena onda, donde usar lana peruana era ser disidente y decente, donde oler a pachulí y colorearnos de lila era una contraseña.</p>
<p>Porque teníamos que contrarrestar a esa patota famosona de la tele miliquera. Entonces, bienvenidos los hippies lanas y las ferias artesanales donde sonaba Silvio, bajito, despacito.</p>
<p>Bienvenida la ropa hindú y el pelo largo, bien largo, hasta la cintura, como lo soñaba en mi utopía ochentista. Y fumábamos caños de Los Andes escondidos de los pacos y nos sentíamos protestando por esa mierda chilenosa que a otros gustaba tanto. También estaba el rock. Antes de Los Prisioneros siempre estuvo el rock, sobreviviendo a la dictadura bajo las piedras. Por allá Tumulto o Arena Movediza y su rabioso metal zeppelin, repicando disidente en la disco Klímax, de Alameda abajo. Aún no se armaba la contracultura del underground matucanero.</p>
<p>Apenas unos cuantos poetas beatnik leyendo sus versos en peñas oscuras. Allí vivíamos la pequeña patria proscrita con toda su llorosa y setentona emoción. Y que más, los otros estaban Plaza Italia arriba, en derechotas fiestas de trastoque. A ellos no les pasaba nada, no andaban con el poto a dos manos pegando afiches de Neruda.</p>
<p>Tampoco bajaban del Bowling porque le tenían asco al pueblo lana que se armaba de molotov en alguna universidad con los ojos rojos de vino en caja. Así fue, viejo pituquín que ahora quieres instalar tu ochentero recuerdo eunuco, fome y sin causa.</p>
<p>Los ochenta comenzaron de abajo, como murmullo de quenas y guitarras tristes. No había nada que celebrar en esa escena de crímenes y torturas.</p>
<p>No había nada que festejar bajo la pista iluminada del show pinochetero de Don Francisco. Era un país agrio, amordazado y tímido, que veía en la pantalla al acartonado Maluenda vitoreando a sus fuerzas armadas en el show de la una. El viejo hipócrita Maluenda, animador de la cueca uniformada.</p>
<p>El mismo que hoy aparece en la película &#8220;Tony Manero&#8221;, casi homenajeado por el director en su remember infantil. Puaj, vómito de copihues era la patria por entonces. &#8220;Dónde estabas tú&#8221;, cantaban Los Jaivas, y hoy te pregunto lo mismo, directorcito. &#8220;Donde estabas tú&#8221;.</p>
<p>Ni aunque hagas mil películas de la dictadura se nos olvidará esa canción. &#8220;Dime donde estabas tú&#8221;. Hay algo que no viviste, rubiecito, y es tarde para las explicaciones cinematográficas. La memoria es un caracol que se cierra en su concha inexcusable. Ocurrió tal cual, nosotros aquí y ustedes allá, como si no existiera la tiranía.</p>
<p>Siempre de jarana burbujeando el Tom Collins en el pub Casamilá, la disco Hollywood y toda esa mierda jubilosa. Nosotros éramos amargos y teníamos susto.</p>
<p>También bailábamos, nos volábamos, y a veces estábamos contentos pero con pica. Movilizadamente iracundos. La onda disco sonaba en las radios y en las peñas el canto nuevo.</p>
<p>Llegaron los ochenta como un cometa ardiendo la batalla campal, la primera protesta, la movilización estudiantil, a desentumir el miedo, mierda. También había rock, siempre hubo rock y verde macoña urgente.</p>
<p>En la tele los señoritos se hacían los rebeldes bailando a Scaramelli, Juan Antonio Labra, Andrea Tessa y otros jamones podridos que mejor no recordar.</p>
<p>&#8220;Detrás de las paredes&#8221;, guitarreaba un chascón y en un casete carreteado respiraba Violeta. Así fueron los comienzos de una década inolvidable por su contorsión política. Una década que estrenaba sus rabias en aquel blindado amanecer.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/pedro-lemebel-donde-estabas-tu-a-proposito-del-film-tony-manero/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Oliverio Girondo: &#8220;Exvoto&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/oliverio-girondo-exvoto/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/oliverio-girondo-exvoto/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 08 Nov 2008 11:45:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Visuales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=309</guid>
		<description><![CDATA[<img class="size-full wp-image-311 alignleft" style="margin-right: 10px;" title="Sensual by singlenote" src="http://www.art-e-facto.net/wp-content/uploads/2008/11/sensual-by-singlenote.jpg" alt="Sensual by singlenote" width="180" height="135" />Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.

Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-311 alignleft" style="margin-right: 10px;" title="sensual-by-singlenote" src="http://www.art-e-facto.net/wp-content/uploads/2008/11/sensual-by-singlenote.jpg" alt="sensual-by-singlenote" width="180" height="135" />Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.</p>
<p>Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.</p>
<p>Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás —empavesadas como fragatas— van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.</p>
<p>Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran  desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.</p>
<p>Oliverio Girondo<br />
Buenos Aires, octubre de 1920</p>
<p>Foto: ©<a href="http://singlenote.deviantart.com/" target="_blank">~singlenote</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/oliverio-girondo-exvoto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Hernán Casciari: &#8220;El móvil de Hansel y Gretel&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/hernan-casciari-el-movil-de-hansel-y-gretel/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/hernan-casciari-el-movil-de-hansel-y-gretel/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 23:11:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Apuntes]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=295</guid>
		<description><![CDATA[Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el <i>Hansel y Gretel</i> de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: <i>“No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”</i>.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sólo a modo de introducción quiero decir que creo que internet y los blogs valen la pena desde que escritores como Hernán Casciari pueden dar a conocer sus ideas y su inmenso talento, y desde que a través de estos medios podemos acceder a ellos.</p>
<h3>&#8220;El móvil de Hansel y Gretel&#8221; por Hernán Casciari</h3>
<p>Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el <em>Hansel y Gretel</em> de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: <em>“No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”</em>.</p>
<p>Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.</p>
<p>Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la <em>Odisea</em> hasta <em>Pinocho</em>, pasando por <em>El viejo y el mar</em>, <em>Macbeth</em>, <em>El hombre de la esquina rosada</em> o <em>La familia de Pascual Duarte</em>. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.</p>
<p>Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.</p>
<p>¿Ya está?</p>
<p>Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.</p>
<p>¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?</p>
<p>La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.</p>
<p>Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.</p>
<p>Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.</p>
<p>Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.</p>
<p>Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.</p>
<p>Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.</p>
<p>Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.</p>
<p>Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.</p>
<p>Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (<em>Romeo y Julieta</em>, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)</p>
<p>Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:</p>
<p style="text-align: center;"><span class="siglas"> M HGO LA MUERTA,<br />
PERO NO STOY MUERTA.<br />
NO T PRCUPES NI<br />
HGAS IDIOTCES. BSO.</span></p>
<p>Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción <em>“Banda ancha móvil”</em> de Movistar.</p>
<p>Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría <em>’Cien años sin conexión’</em>: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger.</p>
<p>La famosa novela de James M. Cain —<em>’El cartero llama dos veces’</em>— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría <em>’El gmail me duplica los correos entrantes’</em> y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.</p>
<p>Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, <em>’Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’</em>, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.</p>
<p>En la obra <em>’El jotapegé de Dorian Grey’</em>, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta <em>Images</em> de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.</p>
<p>La bruja del clásico <em>’Blancanieves’</em> no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.</p>
<p>También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.</p>
<p>Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.</p>
<p>Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.</p>
<p>La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.</p>
<p>Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?</p>
<p>No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.</p>
<p>Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.</p>
<p>Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos.</p>
<hr size="1" /><a href="http://orsai.es/2008/10/el_movil_de_hansel_y_gretel.php" target="_blank">Orsai, el blog de Casciari</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/hernan-casciari-el-movil-de-hansel-y-gretel/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Arturo Pérez Reverte: &#8220;Al final todo se sabe&#8221; (Patente de Corso)</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/arturo-perez-reverte-al-final-todo-se-sabe-patente-de-corso/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/arturo-perez-reverte-al-final-todo-se-sabe-patente-de-corso/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 17 Oct 2008 14:26:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Apuntes]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=285</guid>
		<description><![CDATA[Sé de buena tinta –una tinta Montblanc, cojonuda– que el naufragio se produjo cuando el almirante british, que se llamaba George Carew, ordenó «Todo a estribor» y el timonel, que casualmente era de Ondarroa, respondió «Errepika ezazu agindua, mesedez», que significa, más o menos, repíteme la orden en cristiano o verdes las van a segar. Y mientras el almirante mandaba a buscar a alguien que tradujese aquello a toda tralla, una marejada cabroncilla empezó a colarse dentro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por fin se desveló el misterio. Desde hace</strong> cuatrocientos cincuenta años, los investigadores navales ingleses se han esforzado en averiguar por qué el Mary Rose, ojito derecho de la flota de Enrique VIII, se fue a pique en el año 1545 frente a Portsmouth, durante un combate con los franchutes. En realidad ya se sabía algo: el barco no se hundió por los cañonazos enemigos, sino porque las portas de las baterías bajas estaban abiertas durante una maniobra complicada, entró agua por ellas y angelitos al cielo. Glu, glu, glu. Todos al fondo. Pero faltaba el dato clave: un estudio médico del University College de Londres –eso suena a serio que te rilas, colega– acaba de establecer la causa exacta del hundimiento. El agua entró por las portas abiertas, en efecto. Pero tan imperdonable descuido marinero fue posible porque la tripulación de esa joya de la marina inglesa no era inglesa, pese a lo que su propio nombre indica. Ni hablar. El Mary Rose estaba tripulado por spaniards. Sí. Por españoles. Naturalmente, eso lo explica todo.</p>
<p><strong>No estoy de coña, señoras y caballeros. O la guasa no</strong> es mía. Los perspicaces investigatas del University College afirman eso después de pasar veinte años estudiando dieciocho cráneos rescatados del barco. Tras concienzudos estudios antropológicos, la conclusión es que diez de esos cráneos procedían del sur de Europa, debido, ojo al dato, a la composición específica de sus dientes. Se dice, por otra parte, que Enrique VIII iba escaso de marineros cualificados y enroló a extranjeros. Así que, con aplastante lógica científica, los investigadores han llegado a la conclusión de que éstos sólo podían ser españoles. Tal cual, oigan. Ni italianos, ni portugueses ni franceses. Lo de los dientes es decisivo. A ver quién tiene el colmillo así de retorcido, o tantas caries. O tan malos dientes de leche. Vaya usted a saber. El caso es que,bueno. Blanco y en tetrabrik, eso. Leche.</p>
<p><strong>Lo más fino es la conclusión del profesor Hugo Montgómery,</strong> jefe del equipo investigador. «En el estruendo de la batalla, se habría necesitado una cadena de mando muy clara y disciplinada para cerrar a tiempo las portas», afirma este Sherlock Holmes de la osteología náutica. Y es que la palabra disciplina en boca de un inglés lo explica todo. Otra cosa habría sido que el Mary Rose hubiese estado en las competentes manos de leales súbditos británicos. No se habría hundido bajo ningún concepto. Pero a ver qué se podía esperar con una tripulación española –lo más normal del mundo, por otra parte, a bordo de un barco inglés–. O sea. Con torpes y sucios meridionales, todo el día oliendo a ajo y rezando el rosario, flojos de idiomas, que no entendían las eficaces órdenes que se les daban en perfecta parla de allí. Así, el hundimiento estaba cantado, claro. Elemental, querido Watson.</p>
<p><strong>Yo mismo, modestia aparte, también he investigado un</strong> poco el asunto. Y fíjense. No sólo coincido con las conclusiones británicas, sino que, tras estudiar con una lupa la dentadura postiza de la madre que parió al profesor Montgómery, me encuentro en condiciones de iluminar otros rincones oscuros del naufragio. Y puedo confirmar que, en efecto, así no había quien mandara un barco. Sé de buena tinta –una tinta Montblanc, cojonuda– que el naufragio se produjo cuando el almirante british, que se llamaba George Carew, ordenó «Todo a estribor» y el timonel, que casualmente era de Ondarroa, respondió «Errepika ezazu agindua, mesedez», que significa, más o menos, repíteme la orden en cristiano o verdes las van a segar. Y mientras el almirante mandaba a buscar a alguien que tradujese aquello a toda tralla, una marejada cabroncilla empezó a colarse dentro. «Cierren portas, voto al Chápiro Verde», ordenó entonces el almirante, algo inquieto. Entonces, desde abajo, el contramaestre, un tal Jordi, que era de Palafrugell, respondió. «Digui’m-ho an català si us plau», con lo que míster Carew se quedó de boniato a media maniobra. «Pero de qué van estos mendas» inquirió, ya francamente contrariado. Mientras tanto, los demás tripulantes, que también eran indígenas de aquí, estaban en los entrepuentes tocando la guitarra y bailando flamenco, costumbre habitual de todos los marineros españoles, sin excepción, en situaciones de peligro. Fue entonces cuando los oficiales, nativos de Bristol y de sitios así, rubios y tal, empezaron a gritar: «¡El barco zozobra, el barco zozobra!». Y abajo, algunos tripulantes, que eran tartamudos y además de Cádiz, respondieron, con palmas de tanguillo y mucho arte: «Pues más vale que zo-zobre a que fa-falte, pi-pisha». Y claro. En dos minutos, el Mary Rose se fue a tomar por saco.</p>
<p><strong>Dicen los libros de Historia que las últimas palabras del</strong> almirante Carew, antes de ahogarse como un salmonete, fueron: «No puedo controlar a estos truhanes». Pero no. Lo que realmente dijo fue: «No puedo controlar a estos hijos de puta».</p>
<hr size="1" />Fuente: <a href="http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentescorso/pc_28sep08" target="_blank">XLSemanal | 28 de Septiembre de 2008</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/arturo-perez-reverte-al-final-todo-se-sabe-patente-de-corso/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Julio Cortázar: &#8220;Los exploradores&#8221; (en Historias de Cronopios y de Famas)</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/julio-cortazar-los-exploradores-en-historias-de-cronopios-y-de-famas/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/julio-cortazar-los-exploradores-en-historias-de-cronopios-y-de-famas/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 11 Oct 2008 10:56:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Cortázar]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=228</guid>
		<description><![CDATA[Tres cronopios y un fama se asocian espeleológicamente para descubrir las fuentes subterráneas de un manantial. Llegados a la boca de la caverna, un cronopio desciende sostenido por los otros, llevando a la espalda un paquete con sus sándwiches preferidos (de queso). Los dos cronopios-cabrestante lo dejan bajar poco a poco, y el fama escribe en un gran cuaderno los detalles de la expedición.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tres cronopios y un fama se asocian espeleológicamente para descubrir las fuentes subterráneas de un manantial. Llegados a la boca de la caverna, un cronopio desciende sostenido por los otros, llevando a la espalda un paquete con sus sándwiches preferidos (de queso). Los dos cronopios-cabrestante lo dejan bajar poco a poco, y el fama escribe en un gran cuaderno los detalles de la expedición. Pronto llega un primer mensaje del cronopio: furioso porque se han equivocado y le han puesto sandwiches de jamón. Agita la cuerda, y exige que lo suban. Los cronopios-cabrestante se consultan afligidos, y el fama se yergue en toda su terrible estatura y dice: NO, con tal violencia que los cronopios sueltan la soga y acuden a calmarlo. Están en eso cuando llega otro mensaje, porque el cronopio ha caido justamente sobre las fuentes del manantial, y desde ahí comunica que todo va mal, entre injurias y lágrimas informa que los sándwiches son todos de jamon, que por más que mira y mira entre los sándwiches de jamón no hay ni uno solo de queso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/julio-cortazar-los-exploradores-en-historias-de-cronopios-y-de-famas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Rainer Maria Rilke: &#8220;Immature&#8221;</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/rainer-maria-rilke-immature/</link>
		<comments>http://www.art-e-facto.net/rainer-maria-rilke-immature/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Sep 2008 18:22:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[De Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.art-e-facto.net/?p=165</guid>
		<description><![CDATA[Have patience with everything that remains unsolved in your heart. Try to love the questions themselves, like locked rooms and like books written in a foreign language. Do not now look for the answers. They cannot now be given to you because you could not live them.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Have patience with everything that remains unsolved in your heart. Try to love the questions themselves, like locked rooms and like books written in a foreign language. Do not now look for the answers. They cannot now be given to you because you could not live them. It is a question of experiencing everything. At present you need to live the question. Perhaps you will gradually, without even noticing it, find yourself experiencing the answer, some distant day.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.art-e-facto.net/rainer-maria-rilke-immature/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

