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	<title>art-e-facto &#187; Rituales</title>
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	<description>(re)colección personal a modo de cuaderno</description>
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		<title>Aparato instantáneo óculo-cerebral de fotos</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Sep 2008 21:31:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<img src="http://www.art-e-facto.net/wp-content/uploads/2008/09/ojocamara.jpg" style="float:left; margin-right:10px;"/>Comienza el segundo siguiente, y todo vuelve a escucharse, a moverse, a suceder. Ése es el momento en que maldigo que nadie haya inventado aún una cámara que vea a través de nuestros ojos, que nadie note que la llevamos (para no arruinar la espontaneidad), y que se dispare apenas con desear atrapar esa imagen. Un clic infinitesimal, un rayito de luz atrapado en plena travesura, una emoción captada con el sabor de lo irrepetible.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>I</p>
<p>Cuando ella aparece en la acera por la que voy caminando, y la veo venir, todo se detiene, instantáneamente, inevitablemente. Y comienza entonces a transcurrir todo en cámara lenta, y ya no sé si hay colores, qué ruido llena la calle en este segundo o si por el cielo cruza o no un avión. Ella se convierte en el vórtice que ha acallado todos los colores, sonidos y aromas. Dura una milésima de segundo, y en ese lapso breve como el estallido de una gota contra el cristal del coche, ella gira su rostro, mira hacia donde estoy y lanza una sonrisa más breve aún: la comisura de sus labios se eleva apenas un milímetro, y sus ojos sueltan un destello que no sé atrapar, que no tengo cómo ni con qué atrapar. Entonces mi memoria la graba, inmediatamente soft, en el gesto preciso, en el instante irrepetible. Y comienza el segundo siguiente, y todo vuelve a escucharse, a moverse, a suceder. Ése es el momento en que maldigo que nadie haya inventado aún una cámara que vea a través de nuestros ojos, que nadie note que la llevamos (para no arruinar la espontaneidad), y que se dispare apenas con desear atrapar esa imagen. Un clic infinitesimal, un rayito de luz atrapado en plena travesura, una emoción captada con el sabor de lo irrepetible.</p>
<p>II</p>
<p>Es el abrazo de mi abuelo en la despedida, es la puerta de su casa. Es su voz diciéndome que &#8220;cuando vuelvas, ven a verme, no importa donde esté&#8221;. Y es el brillo tierno y melancólico de su mirada despidiéndose de mí. Son esos ojos mirando a través de mí, marrones, llenos de imágenes que no alcancé nunca a ver. Es su vida en una milésima, es un abrazo de árbol en un saludo de niño que se despide sabiendo que no se va definitivamente. Son sus manos firmes aún apretando mis hombros, es el único abrazo suyo que recuerdo, quizás el único que me dio en 32 años. Y quisiera entonces haber tenido esa cámara incrustada en alguna parte de mi cerebro para grabar ese brillo y ese gesto. Para mirarlo ahora impreso en un papel, cuantas veces quisiera, hartarme de mirarlo, poder sentarme a conversar y decir &#8220;Mira, este fue el último abrazo de mi abuelo&#8221;. Pero no existe.</p>
<p>III</p>
<p>Metro de Santiago, invierno, mediodía. La gente se mueve desde sus trabajos y hacia sus trabajos. Se buscan excusas para aglomerarse al mediodía y volver siempre al mismo lugar donde han pasado la mañana. Pasarán la tarde también allí, pero tendrán la ilusión de haber hecho algo al mediodía que divide las dos jornadas y parte en dos un mismo lugar. No sabes por qué, ni para qué, pero corres, te dejas empujar por el ritmo de la manada humana en el Metro. Hace calor, es mucha gente y mucha ropa para tan pocos metros cúbicos de aire. Casi daría igual si fuera verano.</p>
<p>Te haces a un lado para esperar que pasen los que llevan más prisa, esperas retomar tu ritmo más pausado. Y entonces sucede: por la orilla, empujada por la manada, viene aquella mujer que no ves hace años, que dejaste de ver por, bueno, por la razón que fuera, que hubieras querido volver a ver pero en otras circunstancias. Y te ve, te reconoce, y desvía la mirada un momento, como esperando que desaparezcas tragado por la manada, y nada, allí sigues, fijo en su avance. Piensas en decirle algo, en acercarte y decir una nonada pero, como siempre, no se te ocurre nada. Y ella sigue avanzando, ya casi pasando frente donde estás casi detenido, al borde de la corriente de gente. Ella te mira de reojo, con un gesto que siempre creyó aristocrático pero que, evidentemente, confunde con desprecio. Intenta pasar sin mirarte directamente a los ojos, pero le ganas ese mínimo round con tu mirada buscando la suya y, con tu mejor cara de idiota, consigues provocarle una micro-sonrisa, el temblor de labios que hubieras querido guardar con tu &#8220;dispositivo fijador de emociones&#8221;. Ella siguió sin detenerse, se fue, nunca más la viste, pero te quedaste con esa victoria, &#8220;chirle&#8221; como diría Benedetti, pero victoria al fin. Grata por lo inesperada, y efímera, malditamente efímera por no poseer ese bendito aparato que hoy he venido a describir, intentando que alguien, de una vez por todas, lo fabrique, para el bien tuyo, mío y de toda la Humanidad fotográficamente sensible.</p>
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		<title>Mapocho desde acá</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Sep 2008 16:51:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Quiero volver a viajar en tren, sentado en la escalinata de la entrada, rumbo al sur, sin distinguir apenas nada durante la noche, pero oliendo el sudor vegetal del sur, la humedad entrañable del sur. Quiero volver a caminar aunque sea una vez más por esas calles de niño, oler la tienda de dulces del barrio de la escuelita, escuchar los cascos de los caballos del lechero en el pavimento húmedo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay un aroma en el cielo que no quiere bajar, una voz que susurra una historia que sé, que me llama y no voy (ya sé esos cuentos de quedarse y no estar, de marcharse y quedar). Hay un color antiguo que creí que cambiaría, pero se desvanece y no sé. Un recuerdo, al envejecer, duele; una antigua historia puede volver a doler, o te puede matar a carcajadas: ella sentada al borde de la acera, fuera de esa casa donde fui feliz, con un saco lleno de sus propias cartas, y yo echando a correr.</p>
<p>Hay una voz en el aire que no puedo ver, un pasado imperfecto, un futuro que no fue. Una rabia que cesa, un pañuelo que se seca, camisetas colgadas a pleno sol. Él vivía en la sala de calderas de un moderno edificio del oriente de la ciudad, junto al cabaret, debajo del banco estadounidense, y no tenía más que un saco de dormir, húmedo, y repartía olor a musgos revestido con sonrisas. Él se cansó y decidió partir, descubrió hace muchos siglos que es efímero el perdón y eterno el error. No se despidió, decidió morir. Y murió.</p>
<p>Quedaron grietas abiertas en esa ciudad cuando dejé de verla, quedaron canciones sin escribir, quedó una bicicleta cruzando el río en los puentes de hierro, y ella con su vestido lleno de flores, alumbrando noches y tardes en el Parque Forestal. Quedaron fantasías repartidas en los barrios más viejos, quedaron risas y quedaron puertas.</p>
<p>Quiero volver a viajar en tren, sentado en la escalinata de la entrada, rumbo al sur, sin distinguir apenas nada durante la noche, pero oliendo el sudor vegetal del sur, la humedad entrañable del sur. Quiero volver a caminar aunque sea una vez más por esas calles de niño, oler la tienda de dulces del barrio de la escuelita, escuchar los cascos de los caballos del lechero en el pavimento húmedo. Quiero volver a ver la calle después de la lluvia y, al final, la cordillera. Quiero volver a correr niño a la panadería, con mis hermanos, a comprar el pan recién salido del horno, y volver corriendo niños a untarlo con mantequilla, y café con leche, y poco más (mis hermanos conocen los secretos de ser feliz con poco, muy poco).</p>
<p>Quiero prescindir eternamente del lujo del aburrimiento. Quiero tener todo el tiempo para reiniciar, para inventar, para revivir. Y abrazar todo lo que es. Ya no quiero lo que no pude tener.</p>
<hr size="1" />Manresa, 5 de septiembre de 2008</p>
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		<title>Tarjeta de crédito</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jul 2008 12:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Desnudo, hambriento y con sed/ paseo por los rieles del abismo/ sin apartar la copa eufórica/ sin ocultarme de la sombra de mí mismo;/ con brazos colgados a mi cuerpo,/ con cartas marcadas del destino...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desnudo, hambriento y con sed<br />
paseo por los rieles del abismo<br />
sin apartar la copa eufórica<br />
sin ocultarme de la sombra de mí mismo;<br />
con brazos colgados a mi cuerpo,<br />
con cartas marcadas del destino,<br />
tentando a un dios ventrílocuo<br />
y respirando el cotidiano ridículo,<br />
sabiéndome más antiséptico que antes,<br />
dudando si soy un ángel antiquísimo<br />
que llena hoy de luces los refugios<br />
o que mañana se disfraza de raquítico</p>
<p>se derrite la manteca a fuego lento<br />
y no para el cronómetro fatídico.</p>
<hr size="1" />&#8220;Tarjeta de crédito&#8221;, Iván Tamayo, Concepción, 14 de feb. 1997</p>
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		<title>Tonto amor</title>
		<link>http://www.art-e-facto.net/tonto-amor/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 Jul 2008 22:15:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[<span style="text-decoration: line-through;">Amo</span> Quiero a esta mujer libremente,/ aunque (ella) vea distorsionada/ mi realidad,/ aunque no quiera entrar en mi fantasía,/ aunque me cierre la puerta/ sin querer saber que yo no las tengo para ella./ La <span style="text-decoration: line-through;">amo</span> quiero y, sin darme cuenta,/ voy atando sutilmente una soga/ (fina como las palabras)/ que se adhiere cómodamente a su corazón.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="text-decoration: line-through;">Amo</span> Quiero a una mujer tonta<br />
que se queda en mis ripios<br />
sin querer asomarse a las praderas.<br />
Que me juzga y me condena<br />
sin querer compartir mi delito.<br />
Que supone y sabe<br />
pero no presagia.</p>
<p><span style="text-decoration: line-through;">Amo</span> Quiero a esta mujer libremente,<br />
aunque (ella) vea distorsionada<br />
mi realidad,<br />
aunque no quiera entrar en mi fantasía,<br />
aunque me cierre la puerta<br />
sin querer saber que yo no las tengo para ella.<br />
La <span style="text-decoration: line-through;">amo</span> quiero y, sin darme cuenta,<br />
voy atando sutilmente una soga<br />
(fina como las palabras)<br />
que se adhiere cómodamente a su corazón.<br />
Y cada vez que me mata se muere.<br />
Y cada vez que me acusa se llora.<br />
Y cada vez que yo escribo esto<br />
pienso<br />
en que <span style="text-decoration: line-through;">amo</span> quiero a una mujer tonta y no tengo tiempo<br />
ni para quedarme ni para saberlo,<br />
apenas para un roce, apenas para un templo.<br />
Pues, entonces, no sé hasta cuándo,<br />
pero <span style="text-decoration: line-through;">amo</span> quiero a una mujer tonta,<br />
en tanto sigo siendo infinitamente más tonto que ella.</p>
<hr size="1" />&#8220;Tonto amor&#8221;, Iván Tamayo, 1999</p>
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		<title>¿Cómo se hace?</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jul 2008 21:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Quedarse en los pasos de esa mujer que avanza como si fuera el primer día del año, irse con ella en la suela de sus zapatos, esperar la llegada probable, anunciar el saludo deseable, buscar con las manos y encontrar otra vez esa sensación antigua de haber estado allí, antes, en otro cuerpo quizás, con otros aromas. Perdonar, no abarcar, impedir, no aguantar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p>La vuelta de la rueda o la vuelta de tuerca. El espacio infinitamente frágil y pequeño que hay entre quedarse y empezar a caminar. Pensar que amanece, que el sol ya viene y que escucharás los pájaros, pero descubrir que enfrente tuyo está otra vez ese edificio alto, que te impedirá ver las nubes, que no te dejará en paz calentarte ni siquiera con un mínimo rayo de sol.</p>
<p>Recordar la paciencia, invocarla y quedarse hecho un ovillo como el armadillo esperando que pase el depredador. Y mientras no pensar. Y sentir la paciencia que a veces se parece al temor, pero sin decaer ni desanimar. Otorgar, no obligar, suceder, no traspasar.</p>
<p>Aborrecer la ignorancia y quedarse leyendo el horóscopo de la revista que has dejado en el baño. Entender lo que quieres entender, apresar y aferrarte a eso que dice, para que no diga nada que no querrías saber. Ignorar, no olvidar, mantener, no alimentar. Quedarse en los pasos de esa mujer que avanza como si fuera el primer día del año, irse con ella en la suela de sus zapatos, esperar la llegada probable, anunciar el saludo deseable, buscar con las manos y encontrar otra vez esa sensación antigua de haber estado allí, antes, en otro cuerpo quizás, con otros aromas. Perdonar, no abarcar, impedir, no aguantar.</p>
<p>Despertar otra vez, al mismo lado de la cama, sin posibilidad de encontrar. Descubrir que todo tiene dos lados y que el opuesto ya lleva demasiado tiempo vacío, pero no apurarse por el tiempo sino por el vacío, y confesar que no es el vacío sino lo que has visto al otro lado, por momentos, por instantes, y querer decirlo a los ojos pero sentarte a la mesa nuevamente solo.</p>
<p>Entonces cambiar de lugar los objetos y los muebles, para que el otro lado, el opuesto, el vacío, esté lleno de luz, para que sea hacia la ventana, de cara a la luz. Y entender el pequeño estallido del reflejo que el parabrisas de un coche lanza directo a la ventana. Encandilarse, no escuchar, acercarse, no esperar. Entonces arrojarse nuevamente a la calle y saltar. Desprenderse, no tocar, buscarse, no angustiar, querer, no pesar.</p>
<p>Ver finalmente al fondo de todo el milagro de la nada, confiarse, no pasar, y seguir creyendo que es bueno, que será, que se fueron, que cambiarán. Abandonar el destino de espejo, dejar de temblar. Creer en un período de tiempo que aún no es, vencerse y vencerles, creer que has hecho lo correcto, que mereces el siguiente paso, que podrás, que no te rendirás, y saltarse el mono que se rasca la cabeza, y reírse de la propia angustia, y dejar que todo esté en paz. Y callarse mucho, y no hablarse demás. Y pensar muy poco, y convertir la vida en un billete de curso legal, en una fila en que siempre te toca esperar, y volver a recordar la paciencia, y creer en la fábula de un dios extraordinariamente perverso, que se guarda los finales más allá de donde queda el final.</p>
<p>¿Cómo se hace?</p>
<hr size="1" />&#8220;¿Cómo se hace?&#8221;, Iván Tamayo, 7 de oct. 2005</div>
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		<title>Pasados inmediatos</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jul 2008 12:30:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquel cielo poblado de nubes va quedando atrás, en sonidos que, de vez en cuando, vienen pero que no consiguen apabullar este reposo, lleno de la música de los árboles al amanecer.
Por un golpe de voluntad, justo antes de enloquecer de dolor, todo puede ser cambiado. No es cierto que se tiene que soportar el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquel cielo poblado de nubes va quedando atrás, en sonidos que, de vez en cuando, vienen pero que no consiguen apabullar este reposo, lleno de la música de los árboles al amanecer.</p>
<p>Por un golpe de voluntad, justo antes de enloquecer de dolor, todo puede ser cambiado. No es cierto que se tiene que soportar el sufrimiento, ni que se deba empeñar el alma en la inútil tarea de amar a un corazón que ha envejecido.</p>
<p>Ahora es cuando esa piel y ese aroma se diluyen en el viento que sopla a favor, que se lleva lejos lo que ayer aparecía en todo instante. Ahora es cuando sólo se distingue esa silueta en al niebla, sin más dibujo que una extrañamente relativa ensoñación. Ahora es cuando la espalda se aliviana y se puede volar. Atrás quedan la urgencia y el orgasmo, tan antiguos como exactos. Atrás, donde habita la experiencia que aguarda su tiempo para saber si será cargada en la bolsa de la anécdota, o si será eliminada en el tacho de los boletos y las cartas como recortes de prensa.</p>
<p>Ahora es cuando da lo mismo quien sufre o quien pierde. Porque fue vencida la tristeza, porque se ha logrado salir ileso o se ha curado la herida sangrante. Porque ha quedado claro que no se está en condiciones ni en tiempo de esperanzar. Porque los futuros posibles fueron tapados por los pretéritos indefinidos. Porque, en definitiva, no hay maestro ni discípulo, ni amante ni amado, ni cómplice ni delito.</p>
<p>Entonces, ahora que se alcen las manos para arrojar las primeras piedras. No huiré, pues de esto no me arrepiento ni me alimento. Adiós.</p>
<hr size="1" />&#8220;Pasados inmediatos&#8221;, Iván Tamayo, 19 de enero de 1999</p>
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		<title>Suicidas</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 21:35:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Tamayo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rituales]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Tamayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[He vivido viendo cómo esa bala viene apuntando directamente a mi centro. He pensado mucho si correr o quedarme, he perdido mucho tiempo en eso. Y hoy, tardía pero no irremediablemente, estoy quitándole el cuerpo a la trayectoria que dibuja el proyectil que disparé hace tantos años.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p>Acaso muchos de nosotros hayamos sido suicidas en algún minuto de nuestra existencia. Acaso nuestra propia forma de ser haya sido el gatillo perfecto: tal vez la rebeldía, acaso una pasión desmedida, quizás la creencia y la práctica de lo prohibido dentro o fuera de nosotros.</p>
<p>Alguna vez, entonces, hemos visto salir esa bala por un cañón ansioso de callarnos, hambriento no de nuestra sangre sino de nuestra vida, ávido de dejarnos secos. Un proyectil caliente, tomado de nuestra propia esencia o de la propia enfermedad, hecho de nuestras propias células o de la carne de nuestra desazón.</p>
<p>He vivido viendo cómo esa bala viene apuntando directamente a mi centro. He pensado mucho si correr o quedarme, he perdido mucho tiempo en eso. Y hoy, tardía pero no irremediablemente, estoy quitándole el cuerpo a la trayectoria que dibuja el proyectil que disparé hace tantos años. Pues ya no quiero llegar puntual a su encuentro, a esa cita con la muerte que no adiviné construyéndose silenciosa, agazapada y definitiva.</p>
<p>No deseo la muerte. Deseo al menos intentar escapar al suicidio que me destiné como último ritual. No quiero la salida fácil sin haber dado la lucha, como tampoco quiero solamente sobrevivir. Sé que lo conseguiré, lo sé mientras reacciono, mientras me desvío, mientras me muevo con las uñas aferradas a un trozo de árbol, recobrando mi propia y única libertad. Aunque sé que no será mío el mérito, sino de Aquel que me ha prometido esa libertad.</p></div>
<hr size="1" />&#8220;Suicidas&#8221;, Iván Tamayo, 2000</p>
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